septiembre 3 2026

Una respuesta para acompañar a las niñeces afectadas por los incendios en Penco y Lirquén

Aldeas Infantiles SOS Chile implementó un proyecto de respuesta a emergencias que acompañó a niños, niñas y adolescentes afectados por los incendios forestales de enero de 2026, promoviendo su bienestar emocional, sensación de seguridad y derecho a participar en la reconstrucción de sus comunidades.

Los incendios forestales que afectaron durante enero de 2026 a la zona costera y periurbana de Penco y Lirquén, en la Región del Biobío, transformaron de manera significativa las condiciones materiales, habitacionales y socioemocionales de numerosas familias, dejando a niños, niñas y adolescentes en una situación de especial vulnerabilidad. 

Frente a este escenario, Aldeas Infantiles SOS Chile desarrolló el proyecto “Espacio amigable para la niñez” , una iniciativa orientada a contribuir a la restitución del bienestar emocional, la sensación de seguridad y los derechos de niños, niñas y adolescentes afectados por la emergencia. 

La iniciativa contó con el apoyo de Aldeas Infantiles SOS Internacional, y fue desarrollada junto a Corporación Motum , con la colaboración de Movidos por Chile y Falabella , sumando capacidades y recursos para fortalecer una respuesta centrada en las necesidades de niños, niñas y adolescentes y sus comunidades. 

La intervención se desarrolló en dos etapas. La primera estuvo focalizada en niños, niñas y adolescentes afectados directamente por la pérdida total de sus hogares, mientras que la segunda amplió el trabajo hacia las comunidades educativas de las escuelas Los Conquistadores, Penco, Almirante Patricio Lynch y Vipla. 

Para Paola González, Jefa de Prevención de Riesgos y Gestión de Emergencia, el proyecto ha sido una etapa muy significativa para nuestra organización. “La ejecución del proyecto Espacios Amigables con las Infancias fue como equipo, fue una experiencia muy relevante, pudimos conocer de primera fuente los niños y las niñas, su experiencia y también cómo están ellos afrontando el post incendio. Tuvimos la oportunidad de conocer también cómo se imaginan los lugares que ellos recorren, las plazas, las escuelas y el paisaje que habitan después de los incendios”, destacó. 

 

Escuchar para acompañar 

Uno de los principales aprendizajes del proyecto fue la importancia de escuchar a niños y niñas respetando sus propios ritmos y formas de expresión. 

A través de espacios individuales de acompañamiento, juegos, dibujos y otras técnicas lúdicas y expresivas, los equipos pudieron conocer sus experiencias, emociones, percepciones y necesidades. 

En estas instancias se observaron principalmente emociones asociadas al duelo por pérdidas significativas, rabia, temor y preocupación por el bienestar de sus familias. Al mismo tiempo, se identifican importantes factores protectores, como el juego, los vínculos entre pares y la percepción de la escuela como un espacio seguro. 

En total, 831 niños, niñas y adolescentes participaron en las distintas etapas del proyecto, superando o acercándose a las metas de cobertura establecidas. A esto se sumaron 113 apoderados, docentes y asistentes de la educación, quienes participaron en talleres orientados al bienestar emocional, la regulación y la co-regulación. 

 

El juego como herramienta para recuperar el bienestar. 

La propuesta incorporó actividades grupales como “Recreos más entretenidos”, talleres artísticos y ejercicios de mapeo participativo, donde niños y niñas pudieron expresar qué lugares de su territorio les generaban alegría, tranquilidad, seguridad o temor. 

A través de actividades como “Mapeando Penco y Lirquén” y “La plaza se siente” , las infancias identificaron espacios significativos de su entorno y compartieron sus deseos respecto de cómo transformar sus comunidades en lugares más amigables e inclusivos. 

También se desarrollaron talleres de cerámica, cocina, pintura y collage, utilizando el arte como una vía para favorecer la expresión emocional y fortalecer el sentido de pertenencia. 

Esta metodología permitió que niños y niñas no fueran considerados únicamente como receptores de ayuda, sino como **participantes activos, con voz y capacidad para aportar a la reconstrucción de sus territorios**. 

 

La escuela: un espacio de seguridad 

Uno de los principales hallazgos del proyecto fue el rol que tuvieron las escuelas durante y después de la emergencia. 

Además de haber funcionado como albergues y centros de acopio durante la catástrofe, las comunidades educativas se consolidaron como uno de los refugios físicos, sociales y emocionales más estables para los estudiantes. 

El trabajo también evidencia que el bienestar infantil está estrechamente relacionado con las condiciones del entorno protector. La caracterización de las familias atendidas identificó una alta vulnerabilidad habitacional y una importante presencia de mujeres como jefas de hogar, lo que refuerza la necesidad de incorporar herramientas de autocuidado y contención para madres y cuidadoras principales. 

Por ello, el proyecto también contempló espacios de orientación y acompañamiento para apoderados, además de talleres dirigidos a familias y equipos educativos. 

 

Recuperar los espacios de la comunidad 

El proyecto permitió además conocer cómo niños y niñas significan los espacios de Penco y Lirquén y qué transformaciones imaginan para ellos. 

Los mapas construidos durante las actividades identificaron lugares asociados al juego, la naturaleza, la tranquilidad, el encuentro y la participación comunitaria. Entre los espacios valorados aparecen, por ejemplo, Playa Negra, Cancha Baquedano y la Plaza de Armas. 

Estos resultados abren una oportunidad para avanzar hacia una reapropiación comunitaria de los espacios públicos, promoviendo que lugares que durante la emergencia tuvieron usos forzados puedan volver a convertirse en zonas de juego, encuentro, paz y bienestar para las infancias. 

 

Más allá de la emergencia 

La experiencia desarrollada en Penco y Lirquén demuestra que una respuesta ante una emergencia puede ir más allá de la entrega de material de apoyo. También puede contribuir a restituir derechos, fortalecer vínculos, recuperar espacios seguros y entregar a niños y niñas herramientas para participar en la reconstrucción de sus comunidades. 

El proyecto alcanzó una satisfacción general superior al 91%, y sus resultados entregan además aprendizajes que pueden ser considerados en futuras respuestas frente a emergencias climáticas y socioambientales. 

Por su parte, la Directora de la Escuela Almirante Patricio Lynch, Sandra Susperreguy Torres, agradeció el trabajo realizado. "Quiero agradecer especialmente a Aldeas Infantiles SOS Chile. ya Corporación Motum por habernos apoyado durante estos meses de inicio de año en talleres socioemocionales con nuestros estudiantes afectados por los incendios. nuestros niños”. 

Para Aldeas Infantiles SOS Chile este ha sido nuestro primer proyecto de emergencia para ir en ayuda de los niños, niñas y adolescentes afectados por los incendios, lo que nos permite desafiarnos aún más como organización, realizando nuevos apoyos, siempre con el foco en la atención de las niñeces afectadas por catástrofes, Para ello es muy necesario seguir contando con el apoyo de distintas organizaciones y empresa privada. Porque reconstruir después de una emergencia no significa solamente recuperar infraestructura. También significa recuperar la sensación de seguridad, los vínculos, el derecho a jugar y la posibilidad de que niños y niñas vuelvan a sentirse parte de los lugares que habitan.